Lo primero que recuerdo de ella es su regazo, el plato de migas con chocolate para desayunar y su amor comprensivo. Una estrella rubia, pulsante, vigorosa y alegre que no la derrumbaba ni los vientos abrasivos de la vida ni los meteoritos incandescentes de su corazón. La vi caerse al suelo varias veces, en todas, el roce de esa superficie dura le servía de trampolín para erigirse mas grande, mas fuerte, mas radiante.
Solo ella y yo sabemos la fuente de donde manaba tanta fuerza, bueno, en ella era innata, yo solo seguía sus pasos ciegamente, a veces, de espaldas, otras de lado y a trancas y barrancas lograba agarrarme a su estela.
Sus riñas eran un "te quiero" un "ten cuidado" un "castigado sin salir" con la puerta abierta. La he visto reír, bailar, soñar, besar, entristecerse, llorar, enojarse y hasta taquear pero todo absolutamente todo derramaba amor por los cuatro costados. Fiel a sus valores y leal a los suyos se mantenía como un barco anclado al suelo marino, mecido por las olas y zarandeado por las tormentas, nunca la vi renegar de ningún otro ser, simplemente no comprendia la diferencia pero su condición humana lo aceptaba como algo que también estaba ahí.
Mi recuerdo se remonta a las innumerables trastadas que en mi inconsciencia se fraguaban y que brotaban tan naturales como el hecho de mover las alas de una mariposa aquí y provocar un tsunami allá. Siempre estaba ella para con una sonrisa que no se de donde sacaba ante la que se avecinaba, aplacar el terremoto y dejar a la mariposa que siguiera su rumbo. En dos minutos era capaz de perdonar las mas graves injurias y los mas grandes agravios. Sus razones desmontaban cualquier argumento vil y dejaban un poso que martilleaba cualquier mente retorcida.
No, no era una estrella fugaz, ni algo inerte sobre una estantería, era, un foco de luz donde, aun sin decir nada, te podías acomodar y cuya luz te inundaba limpiando todo tipo de mugre que se huviera instalado en la mente.
Aun en sus últimos días y mermadas sus capacidades estaba dispuesta a una sonrisa, un beso, un "gracias" y algún que otro comentario digno de los mejores chistes que se han inventado y que nos hacían dudar si realmente su estado era tal.
No, no es admiración ni devoción astrológica, ni siquiera es nostalgia,lo que siento cuando la veo en la noche junto a otras muchas, es lo que ocurre en mi corazón cuando agito su último regalo de cumpleaños. Es amor de corazón y ella, la que fue, es y siempre será allá donde este: una estrella llamada Titón.
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que bonito....y esa estrella sigue brillando <3
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